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La señora y el muchacho joven. ¿Tú qué harías?

Una compañera me contaba que cree que ya no ama a su pareja. Así de plano. No están casados, por eso le llama «pareja». Nota: si sacamos una estadística, creo que en Mérida hoy por hoy, hay más «parejas» que «esposos». No discuto la parte moral. Solo me llama la atención el dato.

Volviendo al tema. La compañera había comentado que había estado indecisa acerca del amor que sentía o creía sentir por su pareja desde hace varios años, más de cinco. Lo amo – no lo amo – sí lo amo – no lo amo.

No sé si lo amo – lo odio – me cae mal – lo adoro – lo amo con toda mi alma.

Podemos decir que la intensidad de sus sentimientos hacia este hombre, habia variado bastante de un día para otro, de un mes para otro, de un rato para otro.

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Ella mencionaba mucho en su catarsis al hecho de que la pareja es más joven que ella. Varios años más joven. Y que le incomodaba el hecho de que varias veces tenía que rescatarlo financieramente. Y que le fastidiaba tener que convivir con el hijo que la pareja tenía de una relación anterior.

Esta compañera no es joven. Cerca de los cincuenta, muy atractiva, con hijos ya grandes en edad universitaria. Estuvo casada 25 años con el papá de sus hijos, quien la engañó con varias mujeres. Logra librarse del infiel, y luego luego, muy pronto para mi gusto, comienza una relación con este muchacho con el que ya lleva más de cinco años de estira y afloja. De «sí lo amo, pero no lo amo, sí lo quiero, pero me impacienta»

Y siempre está presente el miedo. «¿qué hago si lo dejo? ¿si me quedo sola?» Oyéndola desde fuera, yo no lo pensaba dos veces. Obviamente no lo quiere. Obviamente le pesa la relación. Ya van varias veces que la escucho y lo pienso. «Esta mujer sabe lo que quiere, pero tiene miedo de hacerlo»

¿Tú qué harías?

La tendencia hacia estar solo.

Hoy leí una curiosa estadística. Población mundial. No. 1: China. No. 2: India. No. 3: Facebook. Rigurosamente cierta.




Los fabricantes de aparatos celulares, ipads, televisiones, computadoras y todo eso que implica pantalla, quieren vendernos la idea de que son formas de socializar.

Igualmente, anuncios de DS-3D que es una consola individual para niños. Aparece la niña jugando su consolita, en compañía de un niño también jugando la suya propia. Esto NO es socializar. Es juego paralelo, que no es lo mismo.

Mentira.

Facebook y Twitter y otras redes sociales, siendo estas dos las más importantes por mucho, han logrado romper un poco la barrera de la socialización: sin embargo, en realidad, estás solo. Solito tú y tu pantalla más teclado o lo que sea, y del otro lado, hay otra persona que también está sola.

You see, a la gente, realmente, no le gusta convivir con otra gente. Pienso que antes, no les quedaba mucho «de otra» y eso generaba otra serie de problemas no banales, por ejemplo las guerras. Ahora, la gente quiere estar consigo misma. 

Todo lo que hay, toda la cultura, la ha creado gente, personas, seres humanos. El mercado, el hecho de que se vendan, es un indicativo de gran peso. Me da risa y un poco de pena cuando algunas personas te quieren vender la idea de que todos estos artefactos y pantallas que dominan nuestra cotidianeidad, que quieran convencernos de que nosotros mismo «no somos así» y que estamos en manos de algún poder externo que nos obliga a utilizar estos artefactos.

Está muy asentado que el ser humano es social por naturaleza y yo pienso que esta «naturaleza social» es más bien un factor relacionado con la continuidad de la especie, ya que si no conoces a otra persona del sexo opuesto no te reproduces y la especie terminaría. Una vez cumplida esta misión, la de tener esposo o esposa y una familia, realmente con quien quieres estar es con los tuyos, con unos cuantos íntimos y con tus parientes, lo que has conocido desde niño.


Buscar nuevas relaciones es dificil, problemático y mantenerlas, aún más. Es hasta costoso y siempre muy desgastante. ¿Te has fijado cuántas veces, en las relaciones humanas, está involucrado el alcohol? Por algo es.

¿La solución? Relacionarte con los otros a través de frases cortas, muchas veces falsas, o semi verdaderas, y con la «armadura» que representa la pantalla y la facilidad de encenderla y apagarla cuando nos da la gana.

Si alguna vez estás con una persona y ya no quieres seguir interactuando con ella, no puedes simplemente irte. No puedes «apagarla» a menos que la mates y ahí ya son otras cuestiones.

Estamos así porque queremos estar así, nadie nos ha obligado, nadie nos ha puesto una pistola en la cabeza. Nos quieren convencer de que está mal, y las empresas que comercializan o fabrican estos productos tienen una especie de «remorse»; pero la realidad es que nos gusta y así continuaremos.

Esto no puede más que evolucionar hacia mayor, no hacia menor y de ninguna manera a desaparecer.

Estamos presenciando y creando, formamos parte de, la nueva forma de relacionarse del ser humano. Ni más ni menos.