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La infidelidad el perdón y la farmacia

dos amigosDos amigos hablaban y yo escuchaba. Esto sucedió en Mérida hace algunos días, de estos de diciembre, muy agradables. Uno de ellos es algo colérico, le va muy bien económicamente y comentaba que su esposa le había sido infiel con varios otros.

Con ganas de perdonarla pero sin saber muy bien qué hacer, se sale de su casa, renta un departamento y así como de la nada, surge otra mujer con la que se siente feliz y encantado de la vida.

«Hace mucho, mucho tiempo que no me sentía así de ilusionado», dice.

Sin embargo, la nueva chica lo manda al diablo porque el proceso de divorcio está en eso, en proceso. Ella no quiere salir con un hombre que aún está casado.

Este hombre se queda un poco como el perro de las dos tortas.  Se le ocurren varias cosas, la primera es ponerse una borrachera. Al día siguiente, bien crudo, se da cuenta de que no fue tan buena idea después de todo.

Se queda solo en su departamento debatiéndose entre hablarle a su aún esposa para decirle que la perdona y que regresen, que formen la familia que él había querido formar siempre. Un matrimonio es para toda la vida, eso es lo que le habían enseñado.

La otra opción es hablarle a la nueva chica y prometerle que haría lo posible para acelerar el divorcio y que por favor no lo mande al diablo.

El otro compañero le preguntaba: ¿Cómo le vas hacer para perdonar? ¿Cómo perdonas? Perdonar a ella, a tí mismo y a los varios hombres con los que te fue infiel. Perdonar no es algo que se compre en la farmacia. «Me da un kilo de perdón, por favor». Aunque se tenga toda la voluntad, el deseo, aunque haya conciencia acerca de lo favorable que es el perdón y perdonar, aunque sea bien sabido que a quien más ayuda el perdón es a quien lo otorga. Desde una visión práctica, ¿cómo le haces? ¿cómo la perdonas?

De eso hablaban estos dos amigos, hace algunos días, aquí en Mérida, que hemos tenido días tan agradables en diciembre.

Este es Patrick Magee.

magee

Un día de mediados de septiembre de 1984, se hospedó en un hotel en la ciudad de Brighton, en Inglaterra. Estando hospedado, puso una bomba de efecto retardado en el baño de su habitación.

La bomba explotó unos días después, el 12 de octubre, matando a cinco personas, pero fallando en destruir el blanco principal: Margaret Thatcher.

Gran parte del partido conservador británico estaba hospedado en ese hotel ya que al día siguiente tendría lugar su convención nacional. Las cinco personas que murieron eran miembros destacados de ese partido. La convención tuvo lugar como si nada, comenzando exactamente a la misma hora en que se había acordado y desarrollándose según lo planeado aunque, eso sí, con fortísimas medidas de seguridad.

(Meryl Streep) Margaret Thatcher pronunció su famoso discurso «Democracy will prevail»

Patrick Magee fue atrapado casi un año después en junio del 85. Le dieron cinco cadenas perpetuas. Sin embargo, en 1999, bajo los «Acuerdos de Viernes Santo», lo dejan libre. Estuvo 14 años en prisión y ahora, al sol de hoy, anda por ahí, libre como un pájaro.

Me llama la atención lo siguiente: ¿Se imaginan algo así de este lado del océano? Me refiero a Estados Unidos de América. Lo hubieran freído en aceite, a Patrick Magee. Lo hubieran echado en una olla de agua hirviendo y sancochado.

Los vecinos del norte, son particularmente vengativos. Incluso cuando no se les ha hecho daño alguno, antes de que se los hagan, promueven venganza, no vaya a ser la de malas.

Pienso que la actitud de los británicos, fue bastante más madura. Una actitud de perdón, positiva, de olvidar el pasado y de segundas oportunidades.

He dicho.